viernes, 22 de mayo de 2009

Alfredo Bryce recuerda a Ribeyro en Guadalajara

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Alfredo Bryce recuerda a Ribeyro en Guadalajara

Fuente: La República, Lima 05/12/05

Autor de "Un mundo para Julius" hizo memoria de la amistad que mantuvo con el desaparecido escritor peruano.

También ofreció un retrato del recordado narrador y sostuvo que fue un olvidado del 'boom'.


Julio Ramón Ribeyro, acaso el mejor cuentista peruano del siglo XX, tuvo siempre a la suerte esquivándole. Hasta ahora mismo, cuando hace ya 10 años de su muerte, han robado de una plaza de la ciudad de Lima el monumento en bronce que le dedicaron. Para que no caigan otra vez en la tentación los ladrones, lo han repuesto, pero esta vez de cemento y recubierto de bronce.

Julio Ramón Ribeyro era enjuto, silencioso; treinta años antes del que sería su final definitivo, estuvo a punto de morir de cáncer en un hospital de París. Advirtió que a aquellos enfermos que ganaban peso los pasaban a una sala donde les procuraban mejor tratamiento y entonces acopió cucharillas, tenedores, cuchillos, entre otros cubiertos y se los ponía en el bolsillo del pijama para aparentar mayor envergadura en el pesaje que se le hacía cotidianamente. A veces Julio Ramón le pedía a su gran amigo Alfredo Bryce Echenique -que contó ésta y otras cosas en el homenaje que Ribeyro ha recibido en la Feria del Libro de Guadalajara- que le llevara su propia vajilla de plata; y así consiguió que le trasladaran de ala en el hospital parisino en que se hallaba. Le dieron un tratamiento diferente para sobrevivir, y siguió viviendo. Alfredo Bryce Echenique dijo que a Ribeyro lo dejaron "fuera del festín" de la literatura iberoamericana; una injusticia del 'boom'. Cuando Mario Vargas Llosa y el propio Alfredo Bryce Echenique intentaron que Carlos Barral le incorporara a aquella pléyade de escritores que constituyeron ese movimiento literario, el editor catalán alegó que solo publicaría novelistas.

Bryce conoció a Julio Ramón cuando fue a pedirle una máquina, con la que quería sacarle una fotografía a su hijo, que iba a nacer. Como Alfredo Bryce tenía una botella de pisco, brindaron y siguieron brindando durante días; "cuando reaparecimos, al niño ya lo habían bautizado".


Vida editorial nefasta

El autor de La juventud en la otra orilla y Sólo para fumadores, dos joyas del cuento peruano e internacional, tuvo una vida editorial nefasta: el primer libro que apareció en francés tenía en la contraportada la foto de un brasileño que también se llamaba Ribeyro. Escribía con un dedo y con la otra mano atendía a su pequeño hijo; y a veces iba a la panadería con su hijo, traía el pan y se olvidaba del niño. Un dato más: le dieron el Premio Juan Rulfo, el más grande de su vida; y murió 12 días antes de la entrega. (El País)



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