lunes, 8 de junio de 2009

Los dichos de Ribeyro: Santiago el pajarero

Los dichos de Ribeyro: Santiago el pajarero


Santiago el pajarero, obra teatral ganadora en 1959 de un premio otorgado por el ministerio de educación del Perú, es parte de una veta poco practicada mas no por ello ajena al genio de Ribeyro, al cual conocemos como uno de los grandes de la narrativa breve peruana y porque no latinoamericana.


Este drama corto dividido en seis cuadros, está inspirado en una tradición de Ricardo Palma, se ambienta en el siglo XVIII y se refiere a hechos verídicos; la vida de Santiago Cárdenas. A través de ella, Ribeyro desarrolla una de sus inquietudes primordiales, el estoicismo humano y la voz de los oprimidos y relegados. El personaje, un alucinado limeño que nace en 1726 al interior de una familia humilde se desarrolla como un niño inquieto que a la edad de 10 años, ya cumplía labores de grumete en la marina. Durante su juventud Santiago, obsesionado por el vuelo de las aves y el estudio de su anatomía, se dedica a la construcción de un aparato volador y a la elaboración de una memoria que ilustra sus complejos estudios acerca de la posibilidad que tendrá el hombre para dominar el cielo. Ese trabajo Cárdenas lo desarrolla con muchas peripecias bajo el virreinato de Manuel Amat, llegando a ser vetado por los expertos de la época. El trabajo de Cárdenas, finalmente es rescatado del anonimato de manera póstuma y en una primera instancia por Ricardo Palma, luego aparecerá como referencia en obras sobre aeronáutica, al punto de ser considerado hoy, uno de los primeros hombres en dedicar estudios a la tarea de surcar el aire artificialmente.


El espíritu aventurero y el sentido de fracaso inminente que envuelve la empresa de Cárdenas, cala profundamente en la sensibilidad de Julio Ramón, al punto de que busca con ella, explorar el proceder de un medio agreste y hostil, la Lima de ayer, hoy y siempre, incapaz de tolerar en su exceso racional e institucionalizado la aparición de soñadores o seres extraordinarios que en su particular obsesión y extrañeza, sin intención o ánimo de convertirse en mártires de una idea o proclama, y por el simple hecho de existir y perseguir con consecuencia y muchas veces con delirio obstinado sus anhelos, evidencian las falencias y fisuras de un sistema agotado, tributario de valores eversivos, contradictorios e inconsecuentes ante los propósitos de sus propias proclamas.


En definitiva, el universo Riberiano encuentra en la figura de Santiago, un significante privilegiado que sirve como sustituto y cuerpo, de uno de los fetiches del autor. Santiago tal como Silvio y otros personajes entrañables del peruano, revela el fracaso del hombre al ser aplastado bajo los cánones del prototipo exitista y adecuado socialmente, en este caso, son antagonistas el duque, el oportunista barbero, el cerrado catedrático Cosme Bueno y desde luego el Virrey.


De modo que la imagen, que como modelo instituye el discurso de la época dota por contraste a Santiago de la cualidad actancial de alegoría del fracaso y dolor, gestor de una generosa utopía que se ve irremediablemente abortada.


Santiago, signo/personaje revela una estética de la marginación y el desamparo; tema usual en la prosa creativa del peruano.


Como noción y tipo humano, Cárdenas al igual que sus pares del relato breve o novela, comparten el gravamen de ser excepciones ante una codificación unilateral y rígida del orden social, mundo oportunista, mercantilizado y sustentado en la doxa u opinión pública que aprueba la supremacía de un cargo o título por sobre la capacidad o el talento (el conocido argumento de autoridad) o el rechazo y silencio que de forma indignante Ribeyro presenta en un gran despliegue literario, episodio titulado el informe de Cosme Bueno, suerte de juicio inquisitorio que se realiza de modo público en las dependencias de la Universidad San Marcos. Los argumentos arremeten no sólo contra la memoria y proyecto de Santiago, sino que alcanzan a la persona, humillando su genio.


Esto reafirma que en un mundo, como el que verosímilmente funda la voz de Ribeyro, el valor individual poco cuenta ante esteriotipos que condenan a empresas progresistas y espíritus a ser calificados de antemano como acciones y existencias inútiles e irracionales. Santiago es empujado a cargar hasta las últimas y trágicas consecuencias al igual que una cicatriz, una serie de apodos, Santiago el volador, Santiago el loco, que representan su divergencia frente al mundo que no tolera el actuar ajeno a la norma, a los giros de la tradición. Las palabras de Cosme Bueno, que transcribo a continuación son lapidantes y demostrativas del pensar general:


(…) Toda nuestra ciencia está contenida en los filósofos de la antigüedad, nosotros no somos más que humildes glosadores dedicados a comentar e interpretar los textos inmortales. Quien intente salirse de ese sendero se precipitará de las nubes de sus quimeras en el abismo del error.


(..)Hay cosas señor, que no deben ser investigadas porque sus premisas son falsas y contrarían las leyes de la naturaleza.


Por ende, el destino de este espejo que en su proceder derrumba los entimemas de su época, presupuestos que son tomados por la generalidad como verdades inamovibles, encuentra como principal traba la arbitrariedad e inaccesibilidad de los poderes máximos (la negativa e indiferencia del Virrey), la indolencia e incomprensión de sus cercanos (el abandono de su novia Rosaluz), la malicia y arribismo de los que detentan un pequeño poder o aspiran a lucrar, accediendo a un escaño superior en la organización socioeconómica (El duque y el barbero) y finalmente el pueblo, masa voluble cuya ignorancia y temor degenera en violencia y focos absurdos de venganza ante la represión; dirigiendo usualmente su rabia hacia los más débiles o lo que no comprenden.


En contraparte, la única tolerancia y apoyo que puede recibir Santiago, es por parte de quienes comparten su condición periférica, los esclavos representados por María, la joven que trabaja para Rosaluz y sus amigos más queridos, Baltazar Gavilán y Basilio el coplero, ambos bohemios y bandidos artistas, uno escultor el otro poeta.


De modo que la intelectualidad y el arte, junto al oprimido esclavo o masa social sin acceso a privilegios conforman un sector b de la sociedad, lo cual prefigura sus roles ante el canon estructural del universo social completo. El intelectual y artista conforman la consciencia, mente e ingenio de los grupos disidentes; mientras que los otros, las masas incultas son aplacadas, pues en potencia son la otra mente, la mano, la fuerza del cuerpo que pudiese en una revuelta echar abajo un régimen totalitario; por ende unos son censurados y vetados mientras que los otros, con trabajo y entretención burda, son objetivados, e instrumentalizados, pues el peligro radica en la combinación de ideas y cuerpo. Una amalgama y equilibro entre estos dos sectores, destruiría el establishment. Allí radica la primordial amenaza de los delirios de Santiago, las fechorías y actos poéticos de Gavilán así como los paródicos cantos de Basilio. Revelador en este campo resulta el decir de María la esclava, acerca del invento de Santiago.


Yo no entiendo de estas cosas pero dicen por allí que es usted capaz de hacer volar a los hombres (…) Si es así, maese Santiago ¿por qué no nos da unas alas a mi y a todos mis hermanos negros? (…) Nos iríamos volando y no volveríamos jamás ¡Debe ser hermoso no tener dueño, como los pájaros y volar libremente por toda la tierra!


Las alas de Santiago permitirían al hombre salir de su ámbito de dominación temporal, de aspirar a la libertad a la emigración por tanto, actancialmente Santiago es un token o significante de cambio ante la libertad el ingenio y el progreso social que logra la movilidad de los grupos, por tanto se opone al status quo de su época, y a la corrupción de quienes detentan y lucran con el poder. Sus únicos ayudantes, son otros disidentes, soñadores o voces relegadas sin derecho que guardan una sutil esperanza ante un bello sueño como el que generoso, Cárdenas remite y destina no para sí, sino para la humanidad entera y en específico, pensando en su amado Perú. El anhelo implica, la superación de las barreras terrenales y temporales de su tiempo y desde luego la emancipación de quienes marcan el compás de las vidas a través de sus draconianas normas.


En conclusión esta obra como muchas otras de Ribeyro, sobre todo las más aplaudidas del autor, sostienen el peso de su riqueza textual en la diégesis y los diálogos, en la elaboración de mundos convincentes y seres que revelan en su devenir, la crisis universal de nuestras sociedades metálicas e industrializadas. Lo que hace de este texto retaguardista en la técnica, sumamente vigente en su mensaje y cosmovisión


Autor: Daniel Rojas Pachas


Publicado en Revista Cinosargo.




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